Vuelve a Sevilla El Tenorio

El pasado miércoles 9 de noviembre despertaban las ánimas del cementerio del olvido y se volvía a escuchar el sonido del acero en las oscuras calles de Sevilla. Un bravucón moría a hierro, porque a hierro había matado decenas de veces. A su entierro acudían altivas damas de negro: mantilla de encaje sobre las sienes, rosario de plata en las manos y orgullosas ojeras de perdón, añoranza o deseo. Aquella tarde las campanas doblaban por don Juan y ellas lloraban en silencio suplicando perdón en su muerte con la misma pasión con la que habían suplicado sus besos en vida.

De entre los muertos

El Don Juan Tenorio de Zorrilla cumple casi doscientos años, y como regalo de aniversario Sevilla lo ha convocado de entre los muertos para preguntarse y preguntarnos qué queda de él en nuestro siglo XXI. Como no podía ser de otra manera, ha sido en el Patio de la Fundación Cajasol, que acogía una nueva edición de Letras en Sevilla, coordinada, como viene siendo habitual, por Arturo Pérez-Reverte y Jesús Vigorra, cuya séptima entrega revisaba el mito de don Juan de una manera singular: el Tenorio de José Zorrilla interpretado por un actor negro, el gran Emilo Buale: “Un poco por provocación y un poco por plantear el hecho incuestionable de que es ésta la Europa globalizada y mestiza que nos espera y que no es futuro, sino presente”, matizaba Pérez-Reverte.

Hoy, don Juan tiene mala prensa socialmente y eso quizás está solapando la otra parte fundamental, la literaria

Con una notoria ausencia de representantes políticos o personalidades destacadas del mundo de la cultura andaluza, el público sevillano se ha mantenido fiel, una vez más, a la interesante convocatoria: más de cuatrocientas personas abarrotaron el patio de la Fundación Cajasol y la sala de proyecciones, a los que se sumaron los espectadores que asistieron a la retransmisión en directo por el canal de YouTube; en total más de novecientas visualizaciones. Teniendo en cuenta esta multitudinaria acogida podemos afirmar que lo que queda de este bravucón amante es muchísimo, matizando el hecho de que, como todo mito, éste posee una vertiente social y otra literaria: hoy, don Juan tiene mala prensa socialmente, y eso quizás está solapando la otra parte fundamental, la literaria. Precisamente el debate entre autores, actores y periodistas participantes giró en torno al peso de uno y el poder del otro.

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Primer acto

Espido Freire y Carmen Posadas: Entre don Juan, Casanova y La Regenta  

Carmen Posadas afirmaba que ningún mito ha sido recreado tanto y por tantos grandes autores: Tirso, Molière, Mozart… “Se reinventa en cada ocasión: reformista, librepensador… El don Juan actual está durmiente porque los mitos nunca mueren y los arquetipos tampoco”, afirma rotunda.

La escritora Espido Freire es más dura con el personaje: “Don Juan vive, sí, pero está viejo”. Por eso tal vez la inteligente conclusión de la novelista es que el mito de don Juan se ve obligado a estar en una continua y agotadora defensa. “En algunas franjas del carácter está vivo, en otras es grotesco”.

Espido Freire y Carmen Posadas

¿Violador o seductor?, planteaba Jesús Vigorra ante el murmullo de la sala.

Carmen Posadas respondía enseguida: “El seductor es alguien que convence con métodos lícitos o ilícitos, pero no deja de ser un manejador de engaños, no un violador. Don Juan es un seductor: lo que le divierte es la caza de mujeres, no el acto sexual.

Jesús Vigorra recuerda la teoría de Ortega y Gasset de que todo español lleva un don Juan dentro. Sin embargo, Unamuno no lo podía ni ver y el propio Zorrilla terminó odiándolo

Espido tiene sus dudas con respecto a librar a don Juan del adjetivo “violador”. Para ello indaga con soltura de lectora en los fragmentos de biografía expresa o solapada del Tenorio que salpica toda la obra de teatro. Afirma la escritora que don Juan, según cuenta Zorrilla y deduce el lector, condiciona y tuerce la vida de las mujeres y le da igual. Juega con las virtudes y presume de las muertes y de otras acciones terribles. El aspecto más verídico de don Juan es que tiene necesidad de admiración. “De hecho, la escena de fanfarronería entre amigos en la hostería del Laurel es lo único que me creo de él”, afirma tajante.

El periodista Jesús Vigorra recuerda la teoría de Ortega y Gasset de que todo español lleva un don Juan dentro. Sin embargo, Unamuno no lo podía ni ver y el propio Zorrilla terminó odiándolo (pero en ese sentido tal vez fuese un odio a lo Conan Doyle). ¿Habéis conocido a donjuanes vivos?” inquiere Vigorra a las autoras.

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Jesús Vigorra

Carmen establece una distinción entre don Juan y Casanova, donde el primero es un burlador, pues lo que le interesa es la muesca en el revólver, mientras que el segundo, Casanova, es un libertino y un gozador, centrado en dar placer a las mujeres, capaz incluso de enamorarse.

Carmen Posadas afirma que la atracción por el canalla es tan vieja como el mundo

Espido arremete sin piedad y con muchas lecturas: “Don Juan se desinfla ante las mujeres que se ríen de él. Necesita vías propiciatorias. Mientras Casanova quiere que las mujeres hablen bien de él, y seguro que se reiría con ellas, don Juan no tiene esa necesidad; no quiere o no le interesa. Desaparece rápidamente para que nadie pueda enturbiar su biografía”.

Y a la mujer de hoy, pregunta Pérez-Reverte, ¿un hombre precedido por su fama de seductor le produce atracción o le produce rechazo?

“El don Juan crepuscular da un poco de pena”, dice Espido. En cambio, Carmen afirma que la atracción por el canalla es tan vieja como el mundo. “Biológicamente, las mujeres fértiles sienten atracción por el canalla. La pulsión reproductiva es fundamental”, recuerda la escritora.

Reverte concluye: “Si don Juan y doña Inés se casaran, al final saldría mal, porque ella querría que él cambiara y él anhelaría que ella no cambiara nunca”. El público de la sala asiente, convencido. Carmen afirma rotunda: “Desde luego que sí, eso ocurre en todos los matrimonios desde siempre”.

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Letras en Sevilla VII

Espido concluye la mañana donjuanesca: “Uno no se puede creer su sinceridad ni en la escena del sofá. Don Juan ama de una manera ficticia. Me costaría bastante no ya tenerle como amante, sino incluso como amigo”.

Sale a colación, y de manera inevitable, otra gran historia literaria de engaño, pasión, desamor y culpa: La Regenta. “En la novela de Clarín don Álvaro no necesita la redención del amor, como don Juan, porque ya no estamos en el Romanticismo. Los que reciben el castigo social son el marido y la propia Ana”, señala Espido. “El de La Regenta es de los finales más extraordinarios que he leído nunca, muy superior a Madame Bovary”, recuerda Carmen Posadas. “Si fuese una novela francesa, estaría hoy entra las grandes obras de la Literatura Universal”, concluye Pérez-Reverte. El público ovaciona el comentario.

¿El don Juan sigue siendo una buena herramienta educativa? Carmen Posadas no lo duda

Ojalá —piensa esta periodista que toma notas entre el público— ese aplauso se convirtiera en reediciones, compras y lecturas escolares de La Regenta, así como en numerosas representaciones del Tenorio de Zorrilla.

Precisamente en ese sentido lector y educativo surge la siguiente pregunta: ¿El don Juan sigue siendo una buena herramienta educativa? Carmen Posadas no lo duda: “Los alumnos deberían memorizarlo, como hacen en Inglaterra con Shakespeare, pues a medida que uno va creciendo la memorización termina madurando e interpelándote a ti”.

Espido plantea una didáctica más moderna: “El mito de don Juan puede adaptarse como herramienta de clase, claro, pero tal y como está, usándolo con todos sus matices y múltiples capas. Huyamos de la interpretación plana, zafia, y recuperemos todas esas complejas capas que tuvo y sigue teniendo. Pero siempre en su contexto”.

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Segundo acto

Luis Alberto de Cuenca: Un viaje literario y donjuanesco

La elegancia lectora de Luis Alberto de Cuenca, con su aspecto de librero anticuario de Saint-Germain-des-Prés, invita a un recorrido libresco y erudito por la historia de los donjuanes en papel.

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Luis Alberto de Cuenca

La azarosa biografía impresa del mito de don Juan tiene un lugar destacado e independiente con respecto al mito del propio don Juan. El argumento erudito y la dicción perfecta del escritor que recita cuando habla envuelven al público atento y masivo del patio de la Fundación.

Partimos de las estrofas escritas por un joven Luis Alberto de Cuenca (“Hola mi amor, yo soy el lobo”), himno eterno al don Juan de la Movida

Partimos de las estrofas escritas por un joven Luis Alberto de Cuenca (“Hola mi amor, yo soy el lobo”), himno eterno al Don Juan de la Movida, y seguimos con el don Juan analizado por Ramiro de Maeztu. Visitamos nombres olvidados como el de Víctor Sáinz de Armesto o Ramón Menéndez Pidal, quien dedicó un mítico estudio a los orígenes de la leyenda del convidado de piedra.

El poeta recuerda que “El burlador de Sevilla se atribuye hoy a Andrés de Claramonte, no a Tirso”, una obra que aúna dos argumentos en uno: el del niño pijo del Barroco, de personalidad narcisista lindando con la psicopatía, y el del castigo de un criminal mediante una estatua de piedra que cobra vida. “No olvidemos, afirma Luis Alberto, que el Barroco es muy de castigar y el Romanticismo es más de salvar en el último momento”.

Continuamos el paseo por los grandes autores olvidados del Siglo de Oro en torno al mito donjuanesco: “Juan de la Cueva, anterior al Teatro Nuevo de Lope, es difícil de ver en los escenarios, pero fundamental para entender las raíces de don Juan”, advierte el escritor, y continúa con Antonio de Zamora y su obra titulada No hay plazo que no se cumpla y deuda que no se pague, que se presentaba con gran éxito todos los noviembres. “Aunque Zamora nunca llegó a verla impresa, lo cual era algo habitual en el Barroco: también le pasó a Quevedo”, recuerda Luis Alberto.

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Arturo Pérez-Reverte y Fiorella Faltoyano

Llegamos en este viaje por fin a don José Zorrilla, que, en palabras del poeta, “revoluciona los versos, las palabras, la imagen, el teatro y la leyenda donjuanista”.

Después vendrían muchos más, todos ellos deudores de Zorrilla: la Antología de la Literatura Fantástica de Borges, Silvina y Bioy incluye en su selección la escena del Tenorio siendo testigo de su propio cortejo de muerte; el marqués de Bradomín, “esa criatura deliciosa con el que Valle-Inclán nos da una lección de lo que puede ser un don Juan amable, es sin duda el mejor trazado de todos”. Y, para terminar, un recuerdo literario a doña Inés, tratada magníficamente por Azorín, para quien representa el eterno femenino que entronca con aquellas vírgenes primitivas y redentoras de antes del patriarcado.

“A pesar de sus raíces y sus consecuencias literarias, o gracias a ellas, tenemos que ver el Tenorio como lo que realmente es: teatro puro hasta límites insospechados”, concluye Luis Alberto de Cuenca.

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Tarde de teatro

Los actores Emilio Buale, José Manuel Seda e Irina Bravo interpretan tres míticos fragmentos de la obra de Zorrilla.

Primera escena: “Pasemos a las conquistas”

Martirio cree que el mito está muy vivo: el malote nos gusta muchísimo a las mujeres

Tras la representación de la escena de la hostería del Laurel, se reúnen los invitados en torno a la cuestión donjuanesca: Martirio pone el toque de arte, de copla jazzística, de misterio, folklore y modernidad tras sus míticas gafas oscuras y su peineta, que hace décadas supo elevar a la altura de icono pop. La elegante Fiorella Faltoyano, jovencísima actriz del destape, reconocida actriz del teatro clásico de Estudio 1, por dos veces “chica Garci”, es siempre recordada por haber sido la misteriosa Haydée de El conde de Montecristo. El contrapunto masculino recayó en el actor Máximo Valverde, quien, elegante y seductor, aún representa mejor que nadie, en el cine y en la vida, la leyenda viva de un veterano don Juan.

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Martirio

Fiorella propone una lectura del mito de don Juan contextualizado. “Desde el presente, el análisis desvirtúa la leyenda, que es un tesoro de la Humanidad. Por lo menos para mí”, afirma.

Martirio cree que el mito está muy vivo, y por detrás de sus gafas oscuras sostiene sonriente que “el malote nos gusta muchísimo a las mujeres”, por personalidad, valentía o porque nos atrae lo inaccesible.

“A mí me han dicho “no” muchas más veces”, se defiende Máximo Valverde. “Pero también es verdad que con todas las veces que me han dicho “sí” ya he tenido bastante”. El público ríe con ganas.

“Las mujeres se casan con el caballero, pero se enamoran del canalla”, sentencia Reverte.

Fiorella le da la razón: “Yo he ligado con los malos, pero me he casado con los buenos. Eso es lo que hay que hacer siempre”.

Aplaude el público.

Segunda escena: “¿No es verdad, ángel de amor?”

Tras la emocionante escena del sofá con una Irina Bravo magnífica interpretando con juventud, inteligencia y dulzura a Doña Inés, y un Emlio Buale que nos eriza la piel con los versos más conmovedores, se retoma el debate.

Martirio afirma que los donjuanes sí se enamoran, pero Máximo Valverde no lo cree. “No tienen tiempo. Don Juan no se enamora, solo pone en juego sus artes; yo me atrevería a afirmar que, en la escena del sofá, don Juan está desplegando sus habilidades y nada más”, afirma Máximo con sabia socarronería.

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Ensayo de los actores Emilio Buale, Irina Bravo y Manuel Seda

“Una pintada que vi en un muro el otro día, “Kupido kabrón”, sería tal vez el mensaje del don Juan de hoy”, propone Fiorella. Luego plantea una interesante cuestión. ¿Existe el donjuanismo femenino? Se discute el caso, pero realmente la conclusión y algunos nombres históricos femeninos conducen la conversación hasta la figura de la femme fatale, que no es exactamente lo mismo. “No hay ninguna referencia literaria potente del donjuanismo femenino”, concluyen.

Escena final: “Por doquiera que fui, la razón atropellé”

En la escena del cementerio, un arrepentido don Juan – Buale, recitando los mejores versos de la noche, a punto está de ser arrastrado por las ánimas mientras contempla su propio entierro. El actor Manuel Seda, transformado en vengativo espíritu, terrorífico y seductor, tocado con media máscara, como de Fantasma de la Ópera, maneja la violencia del momento con una imponente voz de tenor de ultratumba.

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Emilio Buale e Irina Bravo

Un don Juan negro por encima del cual planea la belleza del lenguaje

A este último debate se incorporan los actores. Doña Inés – Irina Bravo expresa un deseo de joven enamorada: “Es verdad que la palabrería es la espada de don Juan, pero me gusta pensar que Inés ha sido la excepción; la que ha logrado tocar lo más profundo del corazón del Tenorio”.

Don Juan – Emilio Buale agradece el conjunto de azares y la evolución cultural, social y política que finalmente ha derivado en este momento magnífico y libre que hace posible que un africano pueda interpretar al don Juan de Zorrilla. “Es un regalo poder saborear estos versos, algo que como actor nunca pensé que podría llegar a ocurrir. Aunque solo fuese por generar este debate ya estaría justificada la necesidad de representar a don Juan, un don Juan negro por encima del cual planea la belleza del lenguaje. Cuando se ama la palabra como la amamos los actores de teatro clásico estas representaciones deben seguir teniendo su escenario; permitir que vuelva a ocurrir, como un milagro, el arco dramático del verso de Zorrilla, tan fácil de memorizar, tan rítmico. Don Juan no puede morir, porque su leyenda somos nosotros mismos”, concluye Buale, emocionado.

Cae el telón en el patio de la Fundación Cajasol. Ovación final.

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Vuelve a Sevilla El Tenorio – María José Solano – Zenda