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‘Girasoles silvestres’ se planta como una provocacin, pese a sus evidentes errores, en mitad del Festival de San Sebastin. A su lado, ‘El suplente’, de Diego Lerman, y ‘Runner’, de Marian Mathias, sorprenden por su rigor, que no por su originalidad

Anna Castillo posa en la presentacin de ‘Los girasoles silvestres’.ANDER GILLENEAAFP

Una opinin personal, ambos dos, cita previa, persona humana… Todas estas expresiones tienen en comn que las usamos ms de la cuenta en sentido estricto. Las usamos mucho y cuando las utilizamos en realidad no hacemos nada ms que usarlas dos veces. Son repeticiones, pleonasmos. Y valga esta ltima frase como pleonasmo ella misma. ‘Los girasoles silvestres’, el ltimo trabajo de Jaime Rosales recin presentado en San Sebastin, propone un nuevo pleonasmo: masculinidad txica.

Todos hemos odo hablar de ella, de la masculinidad txica, que es la forma elaborada y vagamente tcnica de llamar al machismo de siempre. El trmino designa una forma determinada especialmente negativa, poco saludable y rancia de humillar al de al lado (a la de al lado generalmente) y de manejarse en las redes sociales y por la vida (si la hubiere fuera de las RRSS); pero, a la vez, y por descarte, la expresin tambin habla de un modo positivo y correcto de ser masculino. Sera, por apurar, una forma ms femenina de ser masculino. Y eso hara que se acabara la toxicidad. Existira la masculinidad txica como la manera torpe y degradante de masculinidad a secas sin aditivos ni conservantes.

Pues olvdense. Jaime Rosales propone en su nuevo trabajo algo tan elemental a su manera como que lo txico es la propia masculinidad, en cualquiera de sus formas: la dura y la blandengue, la con o sin carn de conducir, la depilada de derechas y la peluda de izquierdas, la falangista y la colectivista… Como aquello que nos recuerda Ken Loach siempre que puede: no hay forma buena de acumular capital sin hacer dao, el problema es el capitalismo. Pues lo mismo con respecto a las hormonas. Y, la verdad, aunque slo sea por la claridad de la provocacin y la descomunal interpretacin de Anna Castillo uno estara tentado de dale la razn y aplaudir la oportunidad del pleonasmo. Hgase.

‘Los girasoles silvestres‘ cuenta la vida de una mujer en tres actos. Por cada uno de ellos, un tipo de hombre, una clase (tambin social) de macho, una forma de estar en el mundo. Si se quiere, el planteamiento es de un claro que abruma. Incluso, llegado el caso, ingenuo. El personaje de Castillo es zarandeada, primero, por un descerebrado cerca de la caricatura al que da vida Oriol Pla completamente pasado de vueltas; despus por un soldado tan fiel a las reglas y las rdenes como vctima de su desconcierto (no sabe ni quiere aprender a tomar una sola responsabilidad) interpretado por Quim vila, y, al final, por un burgus tan voluntariosamente pegajoso, por as decirlo, que convierte cada iniciativa en una nueva definicin de pereza. ste es Llus Marqus.

En el ideario de la pelcula y del director est el simplificar la gramtica hasta la claridad ms elemental. Todo es narrado sin esa doblez entre irnica, lrica y tan desconsoladoramente agria que ha presidido buena parte del trabajo del director de soberbios ejercicios de amargura como ‘Petra’ o ‘La soledad’. Y hasta cierto punto, esa transparencia juega tan a favor como, en ocasiones, en contra. Conscientemente, Rosales no renuncia al trazo grueso, a los subrayados crudos y –esto es lo injustificable– a las simplificaciones lacerantes. Tiene mucho de turismo culpable de la pobreza y del desarraigo (y, por tanto, de la negacin a comprender) ese retrato casi pueril del primer acto. Lo ridculo y exagerado que resulta el personaje de Pla es ms culpa del guin y de la direccin exagerada y conscientemente plana que del propio actor. Es as.

Ms tarde, la pelcula empieza a ganar precisin, brillo y, a su manera, crudeza. Y sin duda, buena parte del mrito es, ya se ha dicho, el impecable trabajo cerca del milagro de Anna Castillo. Los dos ltimos captulos acuden a la cita con el espectador con los deberes hechos y los perfiles vivos. Y es ah, donde habitan las dudas. Y la gracia, en efecto, de la obviedad del pleonasmo. Repitamos: el problema no es la toxicidad de la masculinidad sino del altsimo contenido en colesterol, del psimo, de la propia hormona masculina. Sin reventar el final, alguien podra leer cierto clasismo en el retrato del ltimo de los personajes. Que las precisiones en la narracin crezcan a medida que se asciende en el ascensor social (se que no funciona nunca) puede ser algo as como una autodelacin. Y eso, se mire desde donde se mire, no es bueno. Es ms, es malo.

Sea como sea, y pese a sus imperfecciones pretendidamente conscientes, el resultado es exactamente (o muy cerca) lo que quiere ser: una provocacin lanzada a la cara de la audiencia para que se pelee con ella, contra ella y desde ella. Y eso, ya s, es bueno. Muy bueno. Toda una cita previa para con las cosas de las opiniones personales de las personas humanas. Puro pleonasmo.

Carolina Yuste, Jaime Rosales Lluis Marques, Oriol Pla, Quim Avila, Manolo Solo y Anna Castillo en la presentaci
Carolina Yuste, Jaime Rosales Lluis Marques, Oriol Pla, Quim Avila, Manolo Solo y Anna Castillo en la presentacin de ‘Los girasoles silvestres’.ANDER GILLENEAAFP

LAS REGLAS, ESE INVENTO

Por lo dems, la seccin oficial obsequi con dos pelculas ms pensadas para la gente de bien, para los aficionados a seguir las reglas, aunque duelan. La primera de ellas la firmaba Diego Lerman, el director que en 2017 sorprendiera aqu mismo en San Sebastin con ‘Una especie de familia’. Aquella era una pelcula enigmtica, errtica y dura, puro riesgo, que no haca pie en nada ms que su conviccin para someter al espectador en cada una de sus dudas. Ahora cambia de tercio y en ‘El suplente’ ofrece uno de esos dramas escolares de profesor entregado, y bueno, y alumnos problemticos tan queridos, tan estandarizados y tan tan (editor, son dos los tan), que dira el El Chavo. El reto consiste en ofrecer algo nuevo, pero en el respeto escrupuloso de, otra vez, las reglas.

Y eso es exactamente lo que entrega Lerman. Nadie le puede acusar de originalidad, nadie le puede echar en cara haberse equivocado. Toda ‘El suplente’ discurre en la cabeza y en el estrs de un maestro obligado a conciliar el desastre de una familia que se desmorona (vive separado y comparte una hija con su ex) con la urgencia de salvar a un alumno perseguido por los narcos. Juan Minujn es un actor que vibra en su permanente cara de cansado y Alfredo Castro, que oficia de padre del profesor y hroe local, es sencillamente un monstruo que camina por la pantalla.

No hay forma de discutirle una coma a la direccin de Lerman. Imbuido por la larga tradicin que va desde los ttulos ms clsicos en la mente de todos a la magistral ‘La clase’, de Laurent Cantet, la puesta en escena resulta a partes iguales clida, emocional y frentica. El resultado es un drama con espritu de ‘thriller’ por el que apenas asoman unas pocas notas asonantes, tan slo la sombra de ese misterio tan magntico que tanto nos gust de ‘Una especie de familia’. Sea como sea, brillante y clara en la apropiacin de unas reglas que lo son por ser compartidas por todos. Cine del clsico, en el ms amplio de los sentidos.

Runner‘, de la debutante Marian Mathias, es otra cosa. Si el cine independiente americano de ltima hornada se ha hecho fuerte en el silencio, los planos amplios y callados, la miseria exhibida con pudor y el esfuerzo de una mujer por imponerse a un mundo ajeno, la directora ejerce el recin adquirido magisterio con holgura y excelente conocimiento de causa. Digamos que, desde un punto de vista si se quiere opuesto, Mathias conoce a la perfeccin las reglas (las otras reglas) y las aplica con pulso y gusto.

La pelcula cuenta la historia de un encuentro. El de Haas con Will. La primera acaba de perder a su padre. El segundo pelea por hacerse un sitio y un futuro lejos de casa. Los dos estn solos. Los dos corren. Los dos miran al cielo y se preguntan por qu. ‘Runner‘ es esencialmente una pelcula bella, pautada, emocionante y sincera. De nuevo, no hay forma de ponerse estupendo contra ella sin que asomen los cuernos del cinismo. Pero, y del mismo modo, no hay modo de encontrar una sola pincelada en todo el cuadro que no se atenga al manual.

Eso s, y por cerrar el crculo, ni en ‘El suplente’ ni en ‘Runner‘ hay pleonasmos. Aqu el nico pleonasmo muerde. Ya saben.

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